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Inversión comercial versus financiera en el actual contexto económico

¿Cuál sería una decisión inteligente en el actual escenario económico? ¿Una inversión comercial o financiera?

Independientemente de la voluntad de decisión personal y ajustes racionales sobre el uso y rendimiento del capital si es interesante sentarnos a pensar sobre esta pregunta en un momento donde las finanzas parecerían ser la única opción rentable.

Comencemos por la decisión en boga por estos días. Una gestión inteligente de las finanzas requiere optimizar el uso de los recursos disponibles. Entre los principales tipos de inversión están las asociadas a un negocio, las físicas (compra de inmuebles o terrenos, oro, joyas o coleccionables) y las financieras.

Dependiendo de la inversión, variará el grado de rentabilidad-riesgos. La rentabilidad-riesgos de la apertura de un negocio está ligada al potencial de ganancias-pérdidas futuras, en tanto que la adquisición de activos financieros, si bien con diversos matices, tiene una ganancia más cierta y probablemente más inmediata (1).

Recientemente se difundieron los datos del PIB del primer trimestre que arrojó una baja de 5,8% del nivel de actividad respecto a igual período de 2018.

El consumo privado, que participa aproximadamente con el 75% de la generación de la riqueza anual del país, cayó 10,5%. La información parcial del segundo trimestre no permite ilusionarnos con el fin de la recesión.

De acuerdo con las estadísticas de la Confederación Argentina de las Medianas Empresas (CAME), las ventas minoristas de las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES) profundizaron su retroceso en abril y mayo, con caídas de 13,4% y 14,1% interanual, respectivamente.

Acumulan una baja en los primeros cinco meses del año de 12,5% respecto de igual período del año pasado. Sin embargo la producción industrial PYME desacelera su caída del 10,1 % en Abril al 6,5 % en Mayo.

El contexto recesivo se combina a elevadas tasas de interés. Frente a este escenario nos preguntamos ¿qué tipo de inversión conviene, la apertura de un local o una inversión financiera? A priori uno se tentaría en responder que el costo-beneficio claramente inclina la balanza hacia la adquisición de un instrumento financiero.

Sin embargo, la apertura de un negocio en momentos de crisis económica guarda algunas ganancias (no necesariamente tangibles) que es importante considerar para efectuar una correcta y completa evaluación.

Para simplificar el análisis comparamos el costo-beneficio de la apertura de un comercio minorista de venta de indumentaria con la realización de un plazo fijo, una de las inversiones financieras más simples y que no requiere de la intervención de agentes de bolsa.

Apertura de un local

Supongamos que la apertura de un local de indumentaria femenina en CABA de 120 metros cuadrados con dos empleadas.

Dentro de la inversión inicial se incluyen: i) los gastos relativos al alquiler de un local con un costo mensual de poco más de 70 mil pesos (primer mes de alquiler más mes de depósito), lo que totaliza 144 mil pesos; ii) la adquisición de mercadería por un equivalente a dos meses de ventas estimadas con un valor de 1 millón de pesos; iii) computadoras, controlador fiscal, software, etc. por un total aproximado de 76 mil pesos y; iv) otros gastos administrativos, tales como habilitación del negocio por 43 mil pesos. En total, la inversión inicial estimada es de 1,3 millones de pesos.

Una vez efectuada la inversión se estiman los flujos de ingresos y egresos anuales. Dado el contexto económico actual y la previsión de que, de producirse una mejora en el consumo privado, sería recién a partir del tercer/cuarto trimestre de 2019 y más focalizada en el consumo masivo, en el análisis supusimos una mejora de las ventas recién a partir del primer semestre de 2020.

Con este criterio se calcularon ventas por un valor de 9,4 millones de pesos en los siguientes 12 meses luego de la apertura de local.

¿Cuáles serían los gastos operativos anuales asociados a dichas ventas?

Dentro del conjunto de egresos se encuentran: i) el alquiler mensual del local que, sin considerar el mes de adelanto, totaliza al año 786 mil pesos; iii) el costo de reposición de mercadería cuyas nuevas órdenes dependerán del volumen de ventas y del ingreso de las nuevas temporadas, asumiendo en el ejercicio un valor de 6,3 millones; iii) las remuneraciones a los dos empleados que incluyen seguro, obra social, aguinaldo, aportes patronales, alcanzando la suma de 362 mil pesos; iv) servicios como el pago del Alumbrado, Barrido y Limpieza (ABL), agua, luz, servicios profesionales y de telecomunicaciones por 356 mil pesos y; v) otros gastos como de librería que se supusieron por unos 24 mil pesos.

De la comparación de los ingresos y de los egresos notamos que la balanza se inclina para los primeros. Claro que aún resta el pago de los impuestos y que el ejercicio es altamente sensible al supuesto de ventas que se considera.



Notemos que el resultado, luego del pago de impuestos, tales como ingresos brutos o ganancias, continúa siendo positivo, ascendiendo a 751 mil pesos. Esto equivale a 8% de las ventas; y en términos de la inversión inicial, implica una rentabilidad nominal de 59,1% anual.



¿Inversión productiva o plazo fijo?

Considerando que hoy un plazo fijo minorista está rindiendo entre 50% y 55% interanual, frente a estos resultados, ¿conviene encarar esta inversión productiva con los riesgos que implica o colocar el dinero a plazo en una institución financiera con un rendimiento cierto?

Obviamente que el rendimiento del plazo fijo de hoy irá en descenso en la medida que se desacelere la inflación y la tasa de interés de política monetaria se ajuste a ese nuevo escenario.

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Para evaluar entonces el rendimiento anual de un plazo fijo de aquí a un año vamos a suponer que las colocaciones se hacen a un mes de plazo y que se renuevan mensualmente incluyendo los intereses hasta llegar al año. La curva para la tasa de plazo fijo se elabora teniendo en cuenta las perspectivas de mercado respecto de la trayectoria de la tasa de interés de la política monetaria (2).

Bajo este escenario hipotético, invertir hoy 1,3 millones de pesos en un plazo fijo mensualmente y capitalizando los intereses origina en un año 1,9 millones de pesos, es decir, un rendimiento de 49,3% anual.

Más allá de los niveles de rendimiento muy próximos en los dos ejercicios realizados y del hecho de que la inversión productiva conlleva mayor incertidumbre y, por lo tanto, elevados riesgos, se requiere de un abordaje más amplio, incluyendo beneficios no tangibles, para poder hacer una correcta comparación.

La apertura de un local en tiempos de crisis tiene beneficios ocultos no siempre tenidos en cuenta, entre los que se destacan: I) permite un aprendizaje más rápido del negocio al iniciar la actividad en un momento desfavorable; II) brinda mayor posibilidad de un posicionamiento en el mercado (hacerse de un nombre o referente) ante el cierre de muchos negocios de competencia directa; III) logra condiciones beneficiosas en la contratación de servicios, como el alquiler (3), debido a la baja demanda que los proveedores enfrentan IV) resulta un buen período para el entrenamiento del personal dado el menor volumen de trabajo, lo que también garantiza menor tasa de errores actual y futura V) las cadenas comerciales y primeras marcas comoditizan sus productos con ofertas y descuentos disminuyendo su nivel de precios al punto que el minorista tradicional con diferenciación puede competir por precio con valor agregado, VI) la segmentación por necesidades es más oportuna que en contextos de una economía en crecimiento. Se busca masificar las ventas para liquidar stocks quien le venda a determinado segmento y cumpla con su expectativa y necesidades específicas tiene amplias posibilidades de fidelizar en la crisis.

En conclusión, si la intención es encarar una actividad productiva y se dispone de los fondos o de condiciones financieras relativamente provechosas, la apertura de un negocio en tiempo de crisis puede resultar en una muy buena inversión en el mediano plazo.

 

(1) Los activos financieros se pueden clasificar en dos grandes grupos: activos de renta fija (plazos fijos, títulos públicos) y activos de renta variable (acciones). Estos últimos son más riesgosos ya que están determinados por los dividendos y la cotización bursátil de una compañía, mientras que los primeros pagan una renta fija en determinado plazo.

Ciertamente estos últimos tampoco están libres de riesgos, ya que, por ejemplo, según la estructura financiera o la calidad crediticia del deudor pueden ser susceptibles de pérdidas de valor.

(2) De acuerdo al Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) del BCRA de mayo 2019.

(3) Algunos comercios reportan incluso una baja de 50% en el alquiler respecto de los valores de un año atrás.

 

Damián Di Pace es analista económico, autor del libro "Economía Pyme"