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Turismo: las tres dimensiones a abordar

El sostenimiento del “aislamiento social, obligatorio y preventivo” con la apertura de pocas actividades y la decisión de retrotraer algunas de ellas, está agudizando la situación económica del entramado productivo del país.

Sin embargo, el impacto no es homogéneo a nivel sectorial, existiendo ramas de la actividad de las cuales hoy se habla poco y nada, como es el turismo.

La situación de este sector es alarmante a nivel global, ocasionando pérdidas y necesidad de rescates de grandes compañías aéreas hoy prácticamente paralizadas.

Los anuncios recientes de reapertura del turismo en algunos países europeos, si bien una buena noticia, aun dista de ser un paliativo suficiente a las enormes pérdidas sectoriales.

Allí se comienzan a ensayar protocolos turísticos de distancia social y entre sombrillas y reposeras y horarios de acceso a playas, entre otros.

A nivel local, se descartan novedades en el corto plazo, más teniendo presente que hoy existen hasta dificultades de traslado en territorio nacional de bienes esenciales.

Sin embargo, se plantean dudas sobre su recuperación también en el mediano plazo. Existen tres dimensiones que deben abordarse al momento de analizar este sector.

Por un lado, queda aún por verse el impacto que la crisis sectorial tendrá sobre lo que denomino la primera dimensión a considerar: la capacidad productiva del sector.

Las caídas y pérdidas para esta rama de la actividad han sido monumentales y van a ocasionar, sin duda, cierres de empresas de bienes y servicios asociados a este esparcimiento.


De acuerdo con el INDEC, en marzo las pernoctaciones en establecimientos hoteleros cayeron 51% respecto del mismo mes del año anterior, en tanto que el total de viajeros hospedados tuvo una baja de 54% interanual.

En ese mes, la tasa de ocupación hotelera del país resultó inferior al 35%. Si bien con diferencias a nivel regional, el fuerte deterioro de esta actividad estuvo difundido en todo el territorio nacional. Las llegadas de turistas no residentes a la Argentina se desplomaron casi un 60% respecto del año previo.

De acuerdo con un reciente informe de CAME, “Contexto Pyme - IMPACTO COVID-19”, la pandemia dejará un alto costo para el sector. Las estimaciones de las pérdidas para el turismo por fines de semana largos y vacaciones de invierno arrojan resultados alarmantes.

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Entre turistas y excursionistas, las economías regionales perdieron ingresos por poco más de $10.000 millones el fin de semana largo del 24 de marzo, $14.000 millones en Semana Santa y se estima que se perderán otros $46.000 millones por vacaciones de invierno.

En total, lo que dejará de movilizar el turismo solo en esas tres fechas, supera los $70.000 millones. A eso hay que sumar el turismo de cada fin de semana, intra-semana, y los turistas que arriban de otros países del mundo.

Lo que se perdió en fines de semana largos y se perderá en vacaciones de invierno

La segunda dimensión está relacionada con la demanda. Los temores al contagio, que podrían menoscabar el deseo de los consumidores de trasladarse a destinos turísticos con fines recreativos, reforzarían la fuerte retracción del turismo de residentes dada la inexorable pérdida del poder adquisitivo.

De acuerdo a CAME, “a diferencia de otros sectores, lo que se perdió no se recupera. Y por la dura situación económica que se espera para los meses siguientes a que se normalice la crisis sanitaria y la economía, es difícil pensar en un segundo semestre o una temporada de verano fuerte”.

Nos preguntamos entonces, ¿cuál será la predisposición de las personas mientras no haya vacuna para el COVID-19 frente a la oferta de servicios de recreación como bares, restaurantes, teatro, cines o turismo? ¿Aun con predisposición, los hogares tendrán margen económico para acceder a estos servicios?

De acuerdo con una encuesta realizada entre el 17 y el 21 de abril pasados por el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Universidad de Buenos Aires, los principales temores de las personas se refieren a la posible reducción de los ingresos familiares y que se produzca una merma en las oportunidades de empleo. Se destaca el temor a no poder continuar con el trabajo (profesión, oficio o comercio) que realizaban hasta antes de la crisis.


En cuanto a lo que podría denominarse “estrés de recursos”; es decir, cuánto tiempo puede sostenerse la economía personal/familiar hasta llegar al agotamiento, los resultados recogidos por dicha encuesta son preocupantes.

Dos de cada tres trabajadores independientes manifiestan que tienen recursos económicos sólo para un mes. Por su parte, el 47% de los trabajadores en relación de dependencia señalan que sus recursos alcanzarán para uno o dos meses.

A su vez, el análisis del “estrés de recursos” en función del estrato social, refleja la gran brecha entre las clases sociales de Argentina. Dos de cada tres personas de los segmentos más vulnerables de la población (estratos muy bajos y bajos), señalan que sus recursos económicos se agotarán en sólo un mes. En contraste, 56% de las personas de clase alta y muy alta, señalan que podrán sostenerse 4 meses o más.


En dicha encuesta también se relevó cuál serían las principales estrategias a seguir en un contexto de disminución de los ingresos personales/familiares. De cada 10 encuestados, 7,4 seleccionaron la reducción de gastos como primer paso, y en relación a los rubros sobre los que se aplicarían los recortes, precisamente, el ocio, las salidas y el esparcimiento, se ubican en los primeros lugares.

La tercera y última dimensión está relacionada con la organización social y cultural que requieren las nuevas prácticas de consumo y que expongo a modo de pregunta ¿Estamos los argentinos socialmente preparados para adoptar y respetar los hábitos de comportamientos nuevos que exige la presencia de un virus tan contagioso para el cual aún no se dispone de vacuna o tratamiento efectivo?

 

Damián Di Pace es analista económico, autor del libro "Economía Pyme" y director de la consultora Focus Market