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El dilema de miles de familias: ¿cómo afrontar los primeros vencimientos?

En una publicación previa comenté sobre las diferentes formas en que profesionales, pequeños emprendedores y trabajadores informales, están financiando sus gastos mientras se mantiene el aislamiento social, preventivo y obligatorio y con ello, la escasa, o incluso nula, posibilidad de generar sus propios ingresos.

Las opciones de financiamiento son pocas y no muchos son los que pueden acceder. Y algunos sólo pueden hacerlo bajo condiciones realmente usureras. Hoy me propongo retomar los ejemplos presentados que ilustraban diferentes situaciones y, dando un paso más, hablar de los vencimientos de las primeras cuotas que están a la vuelta de la esquina.

El primer gran obstáculo que enfrentan estos miles de hogares argentinos, es el no acceso a financiamiento, de cualquier tipo. Los afortunados que lo consiguen, sea a través de financiamiento bancario, no bancario o de amigos o familiares, se enfrentan a un segundo nivel de dificultad: el costo, que para algunos es impagable.

La actual situación suma un tercer nivel de tropiezo: muchos de los que se endeudaron para pagar sus gastos básicos lo hicieron pensando en retomar prontamente sus actividades comerciales. Por ello, asumieron el compromiso de devolución del capital (con intereses de por medio) en el corto plazo; o no tuvieron alternativa

¿Por qué pensar lo contrario si incluso el gobierno diseñó medidas pensando en la pronta reapertura económica? Por ejemplo, el Banco Central determinó que el refinanciamiento de la tarjeta bancaria debía ser a una tasa anual compensatoria no superior al 43%, con tres meses de gracia y pagadero en 9 cuotas iguales y consecutivas.

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Así, por ejemplo, una familia que mantuvo saldos impagos de su tarjeta desde abril, enfrenta ya a partir de agosto el vencimiento de sus primeras cuotas.

Retomemos con los ejemplos que ayudan a ilustrar la apremiante situación de muchos argentinos.

Carla, dermatóloga que prácticamente no genera ingresos, aún con autorización reciente para operar en el área metropolitana. Se financió con la tarjeta de crédito emitida por una entidad bancaria, acumulando una deuda que comienza a abonar en agosto cuotas promedio de $15 mil mensuales.

Gonzalo, abogado que al igual que Carla trabaja de manera independiente, acumuló una deuda con su tarjeta de crédito, en este caso es una tarjeta NO bancaria. También paga su primer vencimiento en agosto, pero como es una tarjeta NO bancaria, la tasa de interés es mayor. Con tasas del orden del 100% anual, debería afrontar una cuota promedio mensual de $20 mil.

Hebe, profe de yoga e integrante del grupo de trabajadores informales, consiguió un préstamo de un financista que le recargó una tasa usurera del 350% anual, no tuvo opción.

Así que en el octavo mes del año se enfrenta a un pago de $70 mil, un imposible para una profesional que sigue sin trabajar y “se las rebusca” con sus clases por Zoom.

Finalmente, Fabián que logró que su hermano mayor le prestara US$1.500 (equivalentes a poco más de $100 mil en el momento del préstamo) que debería ir devolviéndoselos en cuotas a un plazo no mayor al año.

El problema es que como Fabián es estudiante y trabaja de manera informal de mesero, no puede acceder al mercado oficial de cambios y se ve obligado a comprar los billetes dólares al valor “blue” que trepó, en tan sólo cuatro meses, un 60%, pasando de $85/US$ a $136/US$.

Para comenzar a devolver la una doceava parte del financiamiento, necesitaría unos $17 mil en lo inmediato.



A las dificultades habituales de falta de crédito accesible para gran parte de la población se suma actualmente un gran dilema: todos nuestros ejemplos, que se multiplican por miles de personas, son de personas que tomaron deuda, pero no retomaron su actividad o lo hicieron parcialmente y con la incertidumbre de si se mantendrán operando en el corto plazo.

Asumieron compromisos de repago en el corto plazo de imposible cumplimiento hoy en la mayoría de los casos.

Como ya se comentó, las medidas del gobierno son insuficientes y llegan tardíamente. Los préstamos a tasa cero puestos a disposición para gran parte de los trabajadores independientes o informales es una opción válida, pero no deja de implicar una devolución de cuotas del orden de los diez mil pesos mensuales, lo cual, en un contexto de salida gradual de la crisis económica, podría ser impagable para muchos de los deudores.

Además, al tratarse de un depósito en la tarjeta de crédito, limita considerablemente su uso.

También, ante los crecientes riesgos de crecimiento de la cartera irregular, las entidades financieras comenzaron a restringir el financiamiento, por ejemplo, limitando el saldo de compras en cuotas con tarjetas de crédito para sus clientes de más baja calificación crediticia, lo que agudizaría aún más la situación.

De acuerdo a la última Encuesta de Condiciones Crediticias del BCRA, las entidades financieras esperan endurecer las condiciones de acceso al financiamiento mediante tarjeta de crédito durante el tercer trimestre del año.

De no mediar resolución en lo inmediato que permita una extensión de los plazos de repago, se elevará la incobrabilidad del sistema financiero deteriorando aún más las condiciones de acceso al financiamiento de las familias, agravando aún más la situación.

Las reprogramaciones de los pagos deberían considerar las demoras en las reaperturas de las actividades, la severa crisis económica que atraviesa el país y la incertidumbre sobre las posibles marchas y contra marchas en relación a las autorizaciones para operar comercialmente.

 

Damián Di Pace es analista económico, autor del libro "Economía Pyme" y director de la consultora Focus Market.